En Losanglis y Fontellas, dos pequeñas localidades pertenecientes al municipio de Ayerbe, se conserva un interesante conjunto de cruces situadas en parajes apartados del núcleo urbano. Las cruces están declaradas como Bien de Interés Cultural a partir de la Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés.
Estas cruces forman un conjunto de indudable interés cultural y etnográfico, probablemente vinculado a antiguos rituales de protección frente a amenazas naturales.
Actualmente, el Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés (SIPCA) tiene catalogadas cuatro cruces en la zona de Losanglis y dos en Fontellas. Sin embargo, se tiene constancia de otras que aún no han sido incluidas en el inventario, pese a su notable valor individual y como conjunto.
En Fontellas se sitúan dos cruces: el crucero de la fuente y la cruz del monte.
En Losanglis varias de las cruces se localizan en la parte superior de los cerros que rodean el pueblo. Algunas pueden considerarse cruz de término mientras que hay otra que se encuentra junto al santuario de Nuestra Señora de Casbas, asociada tradicionalmente a su hallazgo. Las restantes han caído o han sido recubiertas por el avance de la vegetación que las ha invadido debido a factores como la práctica desaparición de la ganadería de ovino y el descenso en el uso de la leña entre otros.
Destaca la presencia de la cruz de Valderrasal, una gran cruz de grandes dimensiones (alrededor de 2 metros) encastrada en la roca situada en la cima del monte del mismo nombre.
En dirección opuesta, hacia el sureste, se divisa otra cruz más pequeña en los montes que cierran el paraje de Bardaringo. Se trata de la denominada cruz de Mayo. Está pintada de blanco para facilitar su visibilidad desde el casco urbano y encastrada directamente en la roca. En ella se lee la fecha de 1921.
Otra cruz de este conjunto protector es la cruz de San Gil. Es de dimensiones pequeñas y parece ligeramente desplazada de su emplazamiento original
Por último encontramos la cruz de los pobres en las cercanías del pueblo, junto a la Caseta d’os Pobres, un antiguo refugio público para transeúntes.
Tradicionalmente, la mayoría de estas cruces se bendecían el 9 de mayo, día de San Gregorio, protector contra las plagas agrícolas. Existía una cofradía vinculada a su cuidado. El sacerdote, montado a caballo, recorría las cruces acompañado por los vecinos del pueblo, quienes finalizaban la jornada con una comida a base de bacalao. Este ritual desapareció con la Guerra Civil.







