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En Ayerbe resiste el paso del tiempo una torre que, aunque ya sin su iglesia, continúa hablándonos del pasado con la serenidad de las piedras centenarias. Se trata de la Torre de San Pedro, el único elemento conservado de la colegiata que llevaba su mismo nombre.
Esta torre, que data del siglo XII, forma parte del valioso patrimonio arquitectónico románico de la comarca. Está situada en una tranquila calle sin salida del casco urbano de Ayerbe, en la parte norte de la población. En su entorno, aunque hoy predomina la arquitectura contemporánea, aún pueden observarse restos adheridos a alguna vivienda.

Construida en sillería regular, la Torre de San Pedro presenta una planta cuadrada y una estructura vertical sencilla pero robusta, propia del románico aragonés. El volumen de la torre se articula en varios cuerpos, claramente diferenciados gracias a la presencia de impostas —esas molduras horizontales que marcan la separación entre niveles—.
En cada uno de los lados de la torre se abren vanos de arco de medio punto, sostenidos por columnas de fustes lisos y capiteles decorados. Aunque el paso del tiempo ha erosionado parte de sus detalles, aún se pueden distinguir con claridad estos elementos que aportan un equilibrio estético al conjunto. Sobre los arcos, en los cuerpos superiores, aparecen guardapolvos decorados con motivos ajedrezados, una ornamentación muy característica de este estilo y que también se repite bajo la cornisa. Esta cornisa se apoya a su vez en canecillos lisos, piezas que sobresalen ligeramente de la pared y que originalmente cumplían tanto funciones decorativas como estructurales.
La torre, que en su día fue el campanario de la iglesia, no solo destacaba por su funcionalidad, sino también por su valor simbólico como punto de referencia visual y espiritual para los habitantes de Ayerbe.

Una iglesia desaparecida

La historia de la Torre de San Pedro está íntimamente ligada a la desaparición de la iglesia a la que pertenecía. A comienzos del siglo XIX, el deterioro del edificio llegó a un punto crítico. Los vecinos de Ayerbe, preocupados por su estado ruinoso y tras consultar con el Supremo Consejo de Castilla, decidieron demoler la iglesia por razones de seguridad. Esta decisión no fue tomada a la ligera, ya que la iglesia había sido el centro de la vida religiosa y comunitaria del pueblo durante siglos.
Afortunadamente, la torre no fue demolida. Gracias a su resistencia estructural y a su valor artístico, logró sobrevivir a la desaparición del templo. Con el tiempo, se convirtió en un símbolo de la historia de Ayerbe. Esta importancia fue reconocida oficialmente el 14 de julio de 1924, cuando la torre fue declarada Monumento Arquitectónico-Artístico, una figura de protección que hoy se equipara con la de Bien de Interés Cultural (BIC).
Hoy en día, la torre se encuentra parcialmente integrada en edificaciones modernas, lo que genera un contraste curioso. Sus muros románicos emergen entre construcciones más recientes como si quisieran recordarnos que la historia está viva, aunque a veces pase desapercibida en el ritmo del día a día.
A pesar de su ubicación algo escondida en una calle sin salida, la torre sigue siendo un punto de interés para quienes visitan Ayerbe. En un municipio donde destacan estilos arquitectónicos posteriores, como el barroco o el neoclásico, esta torre románica ofrece una mirada al pasado medieval y a las formas sencillas y sólidas de una época que dejó profundas huellas en el paisaje aragonés.

Torre románica símbolo de la historia de Ayerbe

La iglesia fue demolida por su estado ruinoso.

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