Asier Gogortza retrata el futuro con objetos del pasado en la tercera residencia artística de PATRIM 4.0

Argia Harrapatzeko Tramankuluak (AHT vs AHT) / Trastos Atrapa Vistas (TAV vs TAV) , del fotógrafo Asier Gogortza, es la residencia artística de PATRIM 4.0 coordinada por el Caserío Igartubeiti y K6 Gestión Cultural

Asier Gogortza construye cámaras estenopeicas con toneles de sidra y marmitas de caserío para fotografiar, junto a las vecinas de Ezkio, la huella del tren de alta velocidad en el paisaje

Hace años, la producción de sidra en el País Vasco condicionaba buena parte del paisaje. Todos los manzanales que había que plantar y todas las infraestructuras construidas alrededor de la industria de la sidra dejaban su huella en el entorno. Hoy en día, aunque la producción sidrera en el País Vasco sigue siendo un referente de identidad y calidad y su estela en el paisaje todavía sea visible, hay otros responsables de la transformación de los escenarios vascos a una escala mucho más amplia y con mayor rapidez. Es el caso, por ejemplo, del tren de alta velocidad. 

El fotógrafo Asier Gogortza (Bera, 1976) ha explorado durante su residencia artística en Ezkio, convocada por el Caserío Igartubeiti en el marco de PATRIM 4.0, cómo retratar la huella de la construcción de las vías ferroviarias en el paisaje y cómo hacerlo con herramientas del pasado. Su proyecto, Argia Harrapatzeko Tramankuluak (AHT vs AHT) / Trastos Atrapa Vistas (TAV vs TAV), propone construir cámaras fotográficas a partir de objetos antiguos, actualmente en desuso pero significativos en la historia de la comunidad – como toneles de sidra –, para fotografiar el impacto del nuevo gran transformador del paisaje. Hablamos con él sobre cómo ha sido el proceso.

¿Cómo nació la idea de este proyecto?

La técnica estenopeica, o de cámara oscura, es una técnica que llevo utilizando buena parte de mi carrera como fotógrafo. El aparato en sí no suele ser lo importante, pero en este caso me daba un plus de sentido al proyecto, y además es una técnica que suele sorprender a la gente cuando hay que trabajar de forma colaborativa con la comunidad local. Por otro lado, el tema del tren de alta velocidad es algo que me interesaba desde hacía tiempo como fotógrafo de paisaje y territorio, pero no había encontrado el momento ni la excusa para abordarlo hasta que vi esta convocatoria. 

¿De dónde viene la idea de construir las cámaras con objetos antiguos?

Me parecía interesante trabajar con objetos  viejos, en desuso, que pertenecen a otra época y que formaron parte de una manera de vivir que, a su vez, creó un paisaje concreto. Los paisajes también son producto de la sociedad que los habita. Por ejemplo, hemos construido una cámara con un tonel que antiguamente se usaba para la sidra, una producción que condicionó buena parte del paisaje del País Vasco. También hemos convertido en cámara una marmita de las que se usaban para repartir la leche de los caseríos, vinculada a la vida pastoril. Unir esas líneas temporales, el pasado del pastoreo y la sidra con el presente del tren de alta velocidad, me parecía que tenía un sentido conceptual interesante.

Fotos: Caserío Museo Igartubeiti / K6 Gestión Cultural

Asier nos cuenta cómo se alegró cuando le confirmaron que su proyecto había sido seleccionado para la residencia de PATRIM 4.0: “Fue una alegría porque, bueno, siempre me gusta trabajar en pueblos pequeños e integrar la visión de la gente local sobre su propio paisaje”. El artista explica que de alguna manera su idea era darles las herramientas a los habitantes de la zona para que ellos mismos fueran capaces de crear su propio imaginario visual de su época. 

Pero los principios, y más cuando se trata de procesos artísticos, nunca son fáciles. Asier pasó por una pequeña crisis al darse cuenta de que igual no iba a ser tan fácil conseguir objetos antiguos para la construcción de las cámaras. Por un lado, los que tienen valor de verdad están ya en museos. Y los que no, sus propietarios suelen haberse desprendido ya de ellos. Pero un día, tras haber explorado sin demasiada fortuna la zona, tuvieron la oportunidad de conocer a una familia de uno de los caseríos más cercanos al laboratorio fotográfico que lo conservaba tal cual estaba hace 60 o 70 años. “Tenían incluso un bar de época intacto y un montón de objetos guardados”, detalla Asier. La familia se interesó por el proyecto y donó varias piezas, entre ellas una marmita, un tonel de sidra o una radio antigua. A partir de ese golpe de suerte, AHT vs AHT volvió a encaminarse.

Esa anécdota inicial demuestra lo importante que ha sido para ti la implicación de los habitantes de la zona en el proyecto, ¿cómo ha sido esa participación de la gente local?

Hicimos un taller de un fin de semana en el que participaron tres mujeres del pueblo, que aprendieron la técnica y luego ya trabajaron de forma autónoma en el laboratorio y con las cámaras. El objetivo era que fueran ellas quienes aportaran su propia mirada sobre su territorio y su paisaje. También colaboramos con la escuela local. Los niños pasaron por el laboratorio y crearon sus propias cámaras en un taller de un día.

Cada vez que cargas en el laboratorio la cámara solo tienes un disparo. Es justo el polo opuesto de un teléfono móvil, donde disparamos casi sin pensar. Cuando solo tienes una imagen, te lo piensas varias veces y cada fotografía cobra un valor especial

¿Cómo reaccionaba la gente en los talleres al ver que tenían que construir la cámara con objetos tan inusuales antes de hacer las fotos?

Al principio resulta sorprendente, se quedaron un poco ojipláticos, imagino que pensando “a ver este tío qué nos está contando” (ríe). Pero bueno, lo bonito de esto es que tanto el aprendizaje como el proceso en sí de montar la cámara son muy rápidos. Desde que cogemos un objeto hasta que lo convertimos en cámara pasa solo media hora. Luego ya directamente comenzamos a hacer fotos y pasamos al laboratorio para su revelado. También es una especie de satisfacción y se abre un mundo de posibilidades porque, claro, la gente empieza a ver que pueden montar cámaras con objetos de su casa y de manera muy barata. También es gracioso porque al principio eres más consciente del objeto y piensas “ay, es un tonel, estamos haciendo fotos con un tonel”. Una vez te olvidas de esto, ya te concentras en las imágenes que, al final, es lo que va a quedar después de todo el esfuerzo.

Si bien construir la cámara es rápido, imagino que el revelado exige paciencia, sobre todo a participantes no profesionales acostumbradas a la inmediatez del móvil. ¿Cómo cambia ese esfuerzo la relación con la imagen?

Esto es una de las cosas más bonitas que aporta la fotografía estenopeica, que es una fotografía lenta. Cada vez que cargas en el laboratorio la cámara solo tienes un disparo. Es justo el polo opuesto de un teléfono móvil, donde disparamos casi sin pensar. Cuando solo tienes una imagen, te lo piensas varias veces y cada fotografía cobra un valor especial. Es también una manera de hacer frente a la banalización de la fotografía que vivimos hoy en día, de la que todos somos conscientes pero de la que no podemos escapar. Creo que las participantes han entendido eso muy bien y, claro, les hacía mucha ilusión ver sus primeras fotos. Para mí ha sido también un viaje a mis propios inicios con esta técnica hace 25 años. Para mí era lo más, hacer una foto con una cámara hecha por mí mismo. Además siempre tienen una estética especial, diferente. Ahora ya estoy familiarizado con el método y más o menos intuyo lo que va a salir, pero al principio no es fácil, tienes que hacer pruebas e ir corrigiendo errores.

Fotos: Caserío Museo Igartubeiti / K6 Gestión Cultural

Esos errores en las primeras fotografías también son parte de la magia de este proceso, ¿no?

Sí, de hecho eso es en lo que insistía yo. Muchas veces los errores son más bonitos que las fotografías totalmente nítidas y correctas. Pero, claro, las participantes querían controlar la técnica, es entendible. Fue bonito ver cómo, según iban dominando todo más, se iban centrando más en las ideas y en cómo retratar el tren de alta velocidad. Visitaron las obras y se tomaron un tiempo también para pensar el enfoque.

¿Has guiado o aconsejado a las participantes a la hora de tomar la decisión de qué fotografiar?

No he querido influir en ese sentido. Yo tengo mis propios vicios y preferencias como fotógrafo, pero quería que ellas encontraran su propia mirada. Además, estas cámaras no tienen visor, así que nunca sabes del todo qué va a salir. Hay un componente de azar que también forma parte del aprendizaje.

Ese aporte del azar donde se descubre realmente es luego en el laboratorio. Para AHT vs AHT, se ha montado un laboratorio fotográfico en un edificio público que ahí se conoce como “la antigua Casa del Médico”. Ahora la parte de abajo es una especie de taller de carpintería y de costura que utiliza la gente del pueblo, sobre todo los niños y jóvenes de la escuela. Arriba hay un gimnasio y justo en un baño grande del gimnasio es donde hemos instalado el laboratorio. Además de ser un lugar emblemático que visita mucho la gente del pueblo, de todas las edades, tiene su encanto el poder transformar esa habitación en una sala de revelado temporal.

Como dice Asier, lo que quedará para siempre serán las fotografías. Serán la prueba de que existió un paisaje de cambio, a medio camino entre lo que fue y lo que será una vez se terminen las obras del tren de alta velocidad. Imágenes que hablan del futuro y de la velocidad, capturadas con cámaras hechas a partir de objetos ligados a la memoria y a la tradición de Ezkio mediante un proceso creativo que necesita tiempo. 

Fotos: Caserío Museo Igartubeiti / K6 Gestión Cultural

¿Qué destacarías del proceso?

He estado muy a gusto y lo he vivido con mucha ilusión. En parte porque ha sido una sorpresa poder desarrollar este proyecto y, sobre todo, por la gente con la que he trabajado. Al principio costó un poco que se animaran personas a participar, pero luego las participantes se metieron mucho en el proyecto. Al final, cada una tenía su vida. No tuvo que ser fácil cambiar su rutina de un día para otro para empezar a trabajar con un fotógrafo que venía de fuera.

Fotos: Caserío Museo Igartubeiti / K6 Gestión Cultural

Las fotografías se pueden disfrutar hasta el 27 de septiembre en el centro de interpretación de Igartubeiti. La exposición no solo muestra las fotos finales, también reúne las cámaras estenopeicas construidas, fotozines y vídeos de cómo ha sido todo el proceso.

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La red pirenaica de innovación y gestión creativa del patrimonio cultural PATRIM 4.0 es un proyecto que promueve la preservación y valorización del patrimonio cultural en la región de los Pirineos. A través de este proyecto, se busca fortalecer el intercambio de conocimientos y mejorar la gestión del patrimonio en los territorios transfronterizos. En esta red participan socios situados en Aragón, Cataluña, Hautes-Pyrénées (Francia), Navarra y País Vasco.

PATRIM 4.0 ha sido cofinanciado al 65% por la Unión Europea a través del Programa Interreg VI-A España-Francia-Andorra (POCTEFA 2021-2027). El objetivo del POCTEFA es reforzar la integración económica y social de la zona fronteriza España-Francia-Andorra.

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